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El ruido en el trabajo

Ruido en el trabajo

Doña Mª del Carmen Garcia Vico.
Técnico Superior de Prevención.
Unidad Técnica de Agentes Físicos (CNMP).

Según la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo en España el 86,4% de los trabajadores encuestados señala que el problema de salud que les aqueja ha sido agravado o producido por el trabajo, asociándolo fundamentalmente a problemas como cansancio o agotamiento, trastornos musculoesqueléticos, estrés, ansiedad o nerviosismo, y, sin embargo, según el estudio, los mayores porcentajes de visitas al médico no se deben a estos problemas, sino más bien a aquellos que los trabajadores no relacionan tan frecuentemente con el trabajo, como son, entre otros, los problemas auditivos. Resultados como los obtenidos en la encuesta, ponen de manifiesto la consideración tradicional del ruido en el mundo laboral como un problema “light”.

La VII Encuesta desvela que en 2011 el 34,8% de los trabajadores encuestados estimó que en su puesto de trabajo el nivel de ruido al que están expuestos es molesto, elevado o muy elevado. Además el estudio refleja que los trabajadores expuestos a un nivel de ruido elevado o muy elevado son el 10% del total, representando el 26,1% en Industria y el 21,8% en Construcción.

Aunque el problema del ruido es más evidente en sectores industriales como el manufacturero o el de la construcción, también puede constituir un problema en otros entornos de trabajo, desde talleres mecánicos hasta puestos de conducción de vehículos, call-center, colegios, bares, fosos de orquesta, granjas de producción intensiva, sector pesquero, etc.

Señalar que la extensión e importancia que el riesgo de exposición al ruido comporta en el ámbito laboral tiene múltiples causas, destacando entre ellas el incremento energético incorporado a las instalaciones de producción, el aumento progresivo de los niveles de mecanización (máquinas cada vez más potentes y de mayores dimensiones), el incremento de los ritmos de producción y la incorporación de nuevas tecnologías.

Sonido y ruido

El sonido es una perturbación, producida por una serie de variaciones de presión, en forma de vibraciones, que se propaga a través de un medio elástico a la velocidad característica de ese medio. Esas ondas vibratorias llegan a nuestro oído y son interpretadas como un sonido. Para describir correctamente un sonido es necesario precisar su nivel de presión acústica, su frecuencia y su duración.

La intensidad del sonido se mide en decibelios (dB). La escala de decibelios es logarítmica, y esto implica que una variación de 3 dB en un nivel de sonido supone duplicar (o reducir a la mitad) su intensidad. Para considerar que el oído humano reacciona de forma distinta a diferentes frecuencias, la fuerza o intensidad del sonido suele medirse en decibelios con ponderación A (dB(A)).

Según un criterio objetivo, el ruido es todo sonido que puede producir una pérdida de audición, ser nocivo para la salud o interferir gravemente en una actividad. Según criterio subjetivo, ruido es todo sonido indeseado, y por lo tanto molesto, desagradable o perturbador.

El ruido, como forma de energía tiene una capacidad de dañar la salud relacionada con la cantidad de energía que recibe el individuo expuesto a ella. Esa cantidad no sólo depende del nivel de ruido (expresado en dB) sino también de la duración de la exposición. Se considera que 80 dB(A) durante 8 horas de exposición diaria es el umbral de riesgo para la pérdida de audición, pero, por ejemplo, se alcanza la misma dosis en tres minutos cuando el nivel es de 120 dB(A), de modo que la capacidad de dañar el oído es la misma.

Efectos del ruido

El efecto más conocido es la pérdida auditiva (reconocida como enfermedad profesional), pero también puede aumentar el estrés o disminuir la agudeza visual y elevar la posibilidad de accidentes. El ruido dificulta la capacidad de comunicación y, como es sabido, escuchar bien es un factor fundamental para trabajar de forma segura y disponer de unas relaciones sociales y laborales saludables. El problema se agrava si tenemos en cuenta que las lesiones producidas por este contaminante acústico son irrecuperables y que la única forma posible de protegerse contra el riesgo del ruido consiste en implantar medidas preventivas que eviten sus perjudiciales efectos.

Aunque hablemos del ruido en el ámbito laboral, no hay que olvidar que la exposición al ruido es acumulativa en el tiempo y las dosis recibidas, provengan de dónde provengan, se van sumando y aumentando la probabilidad de que se produzcan daños en la salud.

Evaluación de la exposición laboral al ruido

La legislación laboral (Real Decreto 286/2006) establece que una vez identificado el riesgo de exposición a ruido el primer paso es la reducción o eliminación del mismo en su origen o su reducción al nivel más bajo posible, para seguidamente evaluarlo. La evaluación exigirá, como norma general, la medición de los niveles de ruido, con objeto de valorar la exposición.

Los valores de referencia respecto a los que hay que comparar los valores de exposición obtenidos son:

  • Valores inferiores de exposición que dan lugar a una acción: Nivel de exposición diaria o semanal de 80 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 135 dB(C).
  • Valores superiores de exposición que dan lugar a una acción: Nivel de exposición diaria o semanal de 85 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 137 dB(C).

Además hay valores límite que no se deben superar nunca. En este caso para determinar la exposición del trabajador se tendrá en cuenta la atenuación proporcionada por los protectores auditivos.

  • Valores límite de exposición: Nivel de exposición diaria o semanal de 87 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 140 dB(C).

Los empresarios están obligados a llevar a cabo una serie de acciones específicas cuando se alcanzan unos determinados valores de exposición al ruido de sus trabajadores, tanto en los niveles medios de exposición durante la jornada de trabajo o semanalmente, como respecto al nivel pico de carácter instantáneo.

La valoración de la exposición al ruido, y, en general, todo el proceso de evaluación de riesgos, debe correr a cargo de un técnico competente conforme a la Ley 31/95 y al Real Decreto 39/1197, de 17 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención.

Control del de la exposición laboral al ruido

Para llevar a cabo un adecuado control del ruido en el ámbito laboral el primer paso es la identificación del riesgo, para a continuación medirlo y evaluarlo, analizando el problema teniendo en cuenta los valores de exposición de referencia y, en función del resultado, aplicar las medidas de control adecuadas a cada caso.

Medidas de control técnico

Se deben aplicar según posibilidades y en el orden enumerado:

  1. Actuación sobre el foco de emisión.
    • Esta actuación suele ser la más eficaz y la menos costosa.

    • Selección los equipos de trabajo adecuados que generen el menor nivel posible de ruido.
      La Unión Europea ha dictado directivas que obligan a los fabricantes de máquinas a facilitar la información sobre el ruido emitido, y, en determinados casos, limitan las emisiones sonoras de las mismas. El Real Decreto 212/2002, de 22 de febrero, por el que se regulan las emisiones sonoras en el entorno debidas a determinadas máquinas al aire libre y el Real Decreto 1644/2008, de 10 de octubre, son trasposiciones al ordenamiento jurídico español.
    • Reducir el ruido de impacto.
    • Evitar fricciones.
  2. Actuación sobre el medio.
    • Aunque normalmente la vía de transmisión más importante del ruido es la aérea, no debe olvidarse que, en ocasiones, también puede transmitirse a través de las estructuras del edificio o cuerpos sólidos en general.

      Para reducir el ruido aéreo se puede recurrir a:

    • Uso de recubrimientos absorbentes del sonido en los paramentos del local.
    • Aislar la fuente emisora del ruido mediante cerramientos.
    • Colocación de barreras entre el foco emisor y las personas expuesta.
    • La transmisión del ruido por cuerpos sólidos puede reducirse, por ejemplo, mediante el empleo de amortiguamiento y aislamiento.

  3. Actuación sobre el receptor.
    • Instalación de cabinas insonorizadas si el aislamiento de la máquina no es posible o resulta insuficiente para reducir el nivel de ruido hasta valores aceptables.
    • Utilización de equipos de protección individual de protección auditiva adecuados.

Medidas de control organizativo

  1. Programas adecuados de mantenimiento de los equipos de trabajo, del lugar de trabajo y de los puestos de trabajo.

    Con el paso del tiempo, los equipos de trabajo suelen convertirse en equipos más ruidosos, así, el programa de mantenimiento debe incluir actuaciones como engrasar y lubricar regularmente las máquinas para evitar fricciones, equilibrarlas dinámicamente, sustituir las piezas desgastadas y alinear adecuadamente los engranajes y cojinetes

  2. Limitar la duración e intensidad de la exposición.

    Reducir el tiempo de exposición individual, sin modificar el nivel de ruido ni el tiempo durante el que se emite, exige establecer algún tipo de rotación entre los trabajadores.

  3. Ordenación adecuada del tiempo de trabajo.

    • Realización de los trabajos ruidosos en las horas en que existan menos trabajadores expuestos.
    • Organizar el trabajo de modo que, si es posible, se alternen tareas ruidosas con otras que no se produzca exposición al ruido.

  4. Concepción y disposición de los lugares de trabajo

    • Disponer los equipos emisores de ruido teniendo en cuenta la ubicación habitual de los trabajadores, alejando, siempre que sea posible, a los trabajadores de los equipos más ruidosos.
    • Organizar el trabajo de tal forma que sólo estén expuestos a las operaciones más ruidosas aquellos trabajadores que realicen dicha tarea.

  5. Señalización

    La comparación del valor de exposición con los valores de referencia determinará si es preceptiva la señalización de la obligatoriedad del uso de la protección auditiva.
    Además, si se sobrepasan los valores superiores de exposición que dan lugar a una acción, cuando sea posible, se colocarán señales de advertencia que informen del riesgo de exposición al ruido y se limitará el acceso a la zona.

  6. Información y formación a los trabajadores

    Los trabajadores expuestos deben recibir información y formación relativa a los riegos derivados de la exposición al ruido, en particular sobre la naturaleza de tales riesgos, sus consecuencias, las medidas tomadas para eliminar o reducir al mínimo posible los riesgos derivados del ruido, los valores de referencia, los resultados de las evaluaciones y mediciones del ruido, el uso y mantenimiento correcto de los protectores auditivos, criterios para que el propio trabajador pueda detectar indicios de pérdida auditiva, circunstancias en las que los trabajadores tienen derecho a una vigilancia de la salud y su finalidad y prácticas de trabajo seguras, con el fin de reducir al mínimo la exposición.

  7. Vigilancia de la salud

    El empresario debe garantizar la vigilancia de la salud de los trabajadores en función de los riesgos inherentes al trabajo.

    • Reconocimiento inicial.
      Facilitará el seguimiento de la salud del trabajador y proporcionará información suficiente para detectar a trabajadores sensibles.
    • Reconocimiento médico periódico.
      La comparación del valor de exposición con los valores de referencia determinará la periodicidad del reconocimiento. No obstante puede ser necesario un incremento en la frecuencia de reconocimientos si se detecta una especial o en circunstancias de exposición atípicas o de difícil evaluación.

Protectores auditivos: selección y utilización

Tipos de protectores auditivos:

Se diferencian dos grandes grupos de protectores auditivos:

  • Protectores auditivos pasivos.

    Poseen una respuesta acústica que es función de su diseño y de las características físicas de los materiales empleados. Este grupo incluye las orejeras, las orejeras acopladas a casco y los tapones (moldeables, premoldeados, personalizados o con arnés).

  • Protectores auditivos activos

    Poseen algún dispositivo electrónico o mecánico que los hace comportarse acústicamente de una forma específica. A su vez estos protectores se dividen en:

    • Dependientes del nivel: incluyen un sistema electrónico de reproducción del sonido, a bajo nivel el ruido es captado por un micrófono exterior, amplificado y transmitido al altavoz situado en el interior del casquete de la orejera o del tapón. Cuando el nivel de ruido aumenta, la electrónica reduce gradualmente la trasmisión del sonido al interior del protector.
    • Con reducción activa del ruido: incorporan sistemas electrónicos de cancelación del sonido que permite conseguir una atenuación acústica adicional siendo particularmente eficaces en bajas frecuencias, donde los protectores pasivos suelen ser menos frecuentes.
    • Con entrada eléctrica de audio: poseen sistema por cable o eléctrico con el que se pueden trasmitir señales, alarmas, mensajes o canales de entretenimiento.

Criterios de selección:

  • Atenuación acústica

    El protector debe reducir el nivel de ruido por debajo del nivel de acción que determine la normativa correspondiente.

    La selección dependerá de las características del ruido (el nivel de presión acústica), el contenido en frecuencia, las características impulsivas o no del ruido, las características del trabajo y del trabajador.

    La caracterización acústica del protector auditivo que debe figurar en el folleto informativo del equipo debe incluir:

    • Atenuación asumida por frecuencias del tercio de banda de octava de 125 a 8000 Hz.
    • Valores H-M-L, atenuaciones acústicas globales para ruido en alta, media y baja frecuencia.
    • El valor SNR, atenuación acústica global para un ruido de espectro plano.

    Las características acústicas del protector conjuntamente con la caracterización de nuestro ruido permiten calcular el valor PNR, reducción prevista del nivel de ruido (diferencia entre el nivel de presión sonora ponderado A del ambiente y el nivel de presión sonora efectivo con protector).

    Existen distintos métodos para obtener el valor PNR, esencial en la elección del protector adecuado:

    • Método de bandas de octava, que requiere la caracterización espectral del ruido. Es un método bastante exacto.
    • Método H, M, L, que requiere los niveles globales ponderados A y C del ruido. Su exactitud es media-alta.
    • Método SNR, que requiere conocer el valor de presión sonora ponderado C del ruido. Su exactitud es baja.

    La Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con la exposición de los trabajadores al ruido, publicada por el I.N.S.H.T. contiene amplia información sobre los métodos referenciados. En la página web del I.N.S.H.T. hay disponible una herramienta informática (“Calculador de la atenuación acústica de los protectores auditivos”) que facilita la obtención del valor PNR de los protectores auditivos.

    Efecto de la sobreprotección. Conviene asegurarse de no suministrar un protector auditivo con una atenuación acústica innecesariamente elevada. Estos protectores pueden causar dificultades en la comunicación y la audición de las señales de aviso. Los usuarios pueden sentirse incómodos o aislados del entorno, danto como resultado que los protectores auditivos no sean usados durante todo el tiempo de exposición requerido.

  • Comodidad.

    Es un factor personal, de modo que siempre que sea posible ha de ser el trabajador el que haga la elección.
    En el caso da las orejeras, la masa, la presión de las almohadillas, la fuerza del arnés, la adaptabilidad, el tipo de material y la construcción del equipo afecta al confort percibido.
    En el caso de los tapones la facilidad de colocación y de extracción son los más determinantes.

  • Ambiente de trabajo y actividad.

    En este sentido considerar fundamentalmente las altas y bajas temperaturas y la humedad.
    En determinadas condiciones las almohadillas pueden suponer una excesiva y desagradable sudoración que puede evitarse utilizando tapones, o, en su caso usando cubre-almohadillas (estas suponen una disminución de la atenuación proporcionada por el protector, obviamente deberá estar previsto esta situación en el certificado del equipo).

  • Trastornos médicos.

    Antes de seleccionar un protector auditivo habrá que preguntar a los usuarios si ha tenido algún problema de oído (irritación, dolor, supuración….), siendo aconsejable que las personas con estos problemas consulten con su médico. En el caso concreto de personas que ya sufren pérdidas auditivas la consulta al especialista se hace totalmente necesaria a efectos de determinar el audífono más adecuado.

  • Compatibilidad con otros equipos de protección individual

    Hay que asegurarse de que las prestaciones del protector auditivo no se vean mermadas por el uso de otro tipo de EPI (ropa de protección, gafas, pantallas faciales, cascos….)



* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2015.



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