¿TE AYUDAMOS Y HABLAMOS DEL RUIDO?

Ruido y riesgo cardiovascular

Dra. Ana Pastor Planas, Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Cardiología en el Hospital Quirón de Madrid.

Las enfermedades cardiovasculares son aquellas que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. A pesar de que se han tomado medidas para informar a la población sobre sus causas y su prevención, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte y de ingreso hospitalario en España.

Ciertos factores influyen significativamente en las probabilidades de que una persona padezca una enfermedad cardiovascular. Son los denominados «factores de riesgo». Algunos factores de riesgo no pueden ser controlados, como el sexo, la edad y la herencia. No obstante sí es posible reducir el riesgo cardiovascular controlando los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida: el consumo de tabaco, la ingesta de alimentos ricos en grasa que propicia el aumento de colesterol en sangre, la obesidad, el sedentarismo, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus.

El estrés como factor de riesgo cardiovascular:

En los últimos años se ha dado más valor al estrés como factor contribuyente al riesgo cardiovascular. Cuánto y cómo nos afecta el estrés depende de cada uno de nosotros. No se han demostrado aún los efectos del estrés emocional, de los hábitos conductuales y del estado socioeconómico en el riesgo de padecer una enfermedad del corazón porque todos nos enfrentamos al estrés de maneras diferentes. No obstante diversos estudios de laboratorio han demostrado que el estrés o las situaciones estresantes desencadenan la activación de una compleja cascada hormonal del sistema neuroendocrino.

La activación neurohormonal:

La activación neurohormonal consiste en el aumento de secreción de catecolaminas y cortisol plasmático, que producen cambios hemodinámicos (como aumento de la tensión arterial y aumento de la frecuencia cardiaca), alteraciones metabólicas (como la resistencia a la insulina), aumento de la agregación plaquetaria, disfunción endotelial, alteración del flujo sanguíneo en las arterias coronarias y desencadenamiento de fenómenos inflamatorios e inmunológicos.

La activación de la respuesta hormonal repetida o exagerada, secundaria a un estrés mantenido, resulta finalmente dañina, ya que estos cambios pueden favorecer el desarrollo de arteriosclerosis, que a la larga puede producir enfermedad coronaria o accidentes cerebrovasculares.

El ruido como estresor:

El ruido es un estresor biológico, por lo que puede provocar las mismas respuestas neurohormonales. Estos efectos empiezan a ser observados con exposiciones diarias y a largo plazo a niveles de ruido por encima de 65 dB o con exposiciones agudas a niveles de ruido por encima de 80-85 dB.

En las últimas dos décadas se han llevado a cabo diversos estudios tanto en laboratorio como a nivel poblacional para demostrar que la exposición al ruido puede afectar a nuestra salud cardiovascular.

Un estudio publicado en Junio 2009, investigó la relación entre la presión arterial y la exposición a ruido en una muestra de 60 jóvenes (30 hombres y 30 mujeres), obteniendo como resultado que la exposición a ruido ambiental por encima de 55 dB puede estar asociada con presiones sanguíneas elevadas, aunque es un estudio limitado por el pequeño grupo estudiado y por posibles variables confusoras no controladas.

En el año 2006 se publicó en el European Heart Journal el estudio observacional NaRoMi (Noise and Risk of Myocardial Infarction), en el que se estudió a 4115 pacientes ingresados por infarto de miocardio entre los años 1998-2001 en diversos hospitales de Berlín. Se estudiaron las áreas en las que trabajaban y en las que vivían, y se observó que existe una relación entre los niveles de ruido ambientales y el riesgo de sufrir un infarto de miocardio. No obstante la evidencia queda limitada al tratarse de un estudio observacional.

En resumen, el ruido es un factor estresante que puede contribuir al desarrollo de otros factores de riesgo clásicos para la enfermedad cardiovascular. Y aunque desde el punto de vista biológico existe una asociación entre la exposición al ruido y el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular, es necesario un mayor número de estudios epidemiológicos que confirmen esta relación de causalidad.

Bibliografía:

  • Banegas JR, Villar F, Graciani A y Rodríguez-Artalejo F. Epidemiología de las enfermedades cardiovasculares en España. Rev Soc Esp Cardiol Supl. 2006;6:3G-12G.
  • Armario P, Hernández del Rey R y Martín-Baranera M. Estrés, enfermedad cardiovascular e hipertensión arterial. Med Clin (Barc) 2002;119(1):23-9.
  • Night Noise guidelines for Europe. World Health Organization 2009.
  • Ruido y Salud. Observatorio de Medio Ambiente y Salud de Andalucía.
  • Chang T, Lai Y, Hsieh H, Lai J, Liu C. Effects of environmental noise exposure on ambulatory blood pressure in young adults. Environ Res. 2009 Oct;109(7):900-5.
  • Willich S, Wegscheider K, Stallmann M, Keil T. Noise burden and the risk of myocardial infarction. Eur Heart J. 2006 Feb;27(3):276-82.



* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2012.

Ruido y sueño: mala combinación

Necesitamos dormir para vivir *

El sueño tiene una función reparadora tanto desde el punto de vista físico, preparando nuestro cuerpo para afrontar la vida al día siguiente, como sobretodo una importantísima función de recuperación de nuestro cerebro, interviniendo en la consolidación de la memoria y de otros procesos cognitivos.

Vivimos porque dormimos. Cuando pasamos una mala noche, bien porque hemos dormido pocas horas o porque el sueño no ha sido de buena calidad, nos despertamos con malestar o dolor de cabeza, solemos estar irritables, nos cuesta concentrarnos en nuestras tareas cotidianas y podemos presentar sueño ante situaciones inapropiadas. Si esta situación de privación de sueño se alarga el problema se cronifica, pudiendo desarrollar una depresión, ansiedad y gran deterioro personal, social y laboral de las personas que lo sufren.

Fisiología del sueño

El sueño no es homogéneo, está compuesto por distintas fases, cada una de las cuales tiene su función. Es importante que el orden de aparición y la cantidad de dichas fases se mantenga, ya que de ello va a depender la calidad del sueño. El sueño se compone del sueño NREM y del sueño REM. A su vez el sueño NREM consta de tres fases, la fase I, la II y la III. Las fases I y II constituyen el sueño superficial y la fase III el sueño profundo de ondas lentas, encargado de la recuperación física del organismo y es en esta fase en la que se segrega la hormona de crecimiento. A la fase REM o de movimientos oculares rápidos se le atribuyen funciones cognitivas, consolidación de la memoria y es en esta fase en la que soñamos. Estas fases se organizan en ciclos (fase I, Fase II, Fase III y por último fase REM) que se repiten de 4 a 5 veces por noche. La cantidad de las horas de sueño y de las distintas fases del mismo va a depender de la edad del sujeto, ya que no es lo mismo hablar de un recién nacido que de un anciano.

Ruido y Sueño: una mala combinación

Para conseguir un buen descanso es aconsejable mantener unas condiciones ambientales óptimas en la habitación en la que dormimos, en lo que respecta a luminosidad, ventilación, humedad y ruido. Dormir en un ambiente ruidoso puede alterar nuestro sueño de varias maneras: dificultando su inicio, despertándonos frecuentemente durante la noche o provocándonos un despertar antes de la hora deseada (despertar precoz).

La primera reacción ante el ruido mientras dormimos es un cambio en la actividad cerebral con un aligeramiento del sueño, pasando de una fase profunda (fase III y fase REM) a otra más superficial. Si el ruido persiste durante la noche nos va a originar frecuentes alertamientos, interrumpiendo la continuidad fisiológica del sueño y provocándonos al fin y al cabo una privación de sueño. Pero esto no queda ahí, ya que cada pequeño despertar conlleva lo que en medicina llamamos variaciones del tono simpático que aumentan la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria, aumento de la presión sanguínea y vasoconstricción. Las respuestas bioquímicas del organismo también cambian a raíz de la exposición al ruido: por ejemplo, la cantidad de hormonas del estrés, como la noradrenalina, la adrenalina y el cortisol, son más elevadas al día siguiente. Por lo tanto, la exposición crónica al ruido se va a traducir en una mala calidad de sueño con sensación de de falta de descanso, somnolencia durante el día, menor rendimiento laboral y mayor riesgo de accidentes de tráfico. Si esta situación se mantiene además puede desencadenar alteraciones del estado de ánimo (ansiedad, depresión) o alteraciones cardiovasculares. Todos estos efectos son similares a las personas que padecen insomnio crónico.

Las consecuencias de la exposición al ruido durante el sueño dependen de las características del ruido y de factores de la persona: el tipo de ruido (continuo o intermitente), la intensidad, la duración, la frecuencia, el espectro y la diferencia entre el nivel de ruido de fondo y la máxima amplitud del estímulo son aspectos que van a determinar el impacto del ruido sobre el sueño. Respecto a los factores personales, la edad, el sexo y las características de la personalidad van a jugar un papel importante: los niños, por ejemplo, son mucho menos sensibles a los ruidos durante la noche y es mucho más difícil que se despierten; por el contrario, las personas mayores tiene un mayor número de despertares espontáneos por causa del ruido.

En resumen: la consecuencia de la exposición al ruido durante el sueño de manera crónica va a producir un trastorno del sueño con repercusiones al día siguiente en forma de menor rendimiento físico, deterioro de procesos cognitivos (pérdida de memoria, falta de concentración), cambios de carácter (irritabilidad), alteraciones del estado de ánimo (depresión, ansiedad), pudiendo provocar alteraciones cardiovasculares.

Fdo: Dra. Paula Giménez.
Neurofisióloga Clínica.
Responsable Unidad de Sueño Vistahermosa.

* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2015.

Ruido, arte y sociedad

fmiyara@fceia.unr.edu.ar

Está dirigido al lector no especializado pero inquieto y ávido de comprender la problemática detrás del ruido. Aborda diferentes aspectos de las relaciones entre el sonido, el ruido y el arte en relación con la sociedad. Comienza procurando aclarar la terminología y los conceptos básicos sobre el sonido y su cuantificación, los efectos del ruido en el ser humano, los enfoques históricamente utilizados para investigar la molestia por ruido, el concepto de violencia acústica. Luego aborda las principales causa sde riesgo auditivo, el ruido en la juventud como un problema de salud y de derechos humanos, así como los recursos básicos que se utilizan para su control. Analiza el sonido y el ruido en la música, el cine y otras artes audiovisuales y la literatura. Luego incursiona en el concepto de sustentabilidad acústica, para finalmente abordadr el ruido en la escuela y la higiene sonora, la reglamentación acústica, su historia, su análisis y cómo redactar una ordenanza sobre ruido, la gestión del ruido en la ciudad, las dificultades para medir el ruido en exteriores, y el impacto económico del ruido.

Ruido, estrés y cáncer.

Dra. Isabel Lorenzo Lorenzo. Especialista en Oncología Médica. Pontevedra.

Según el informe “La situación del cáncer en España, 1975-2006” del Instituto de Salud Carlos III, los tumores malignos han sido la segunda causa de muerte en España en las últimas décadas, solamente superados por las enfermedades del aparato circulatorio. Desde el año 2005, los tumores son la primera causa de muerte en los hombres y se mantienen en un segundo lugar en las mujeres.

Esto se explica porque la incidencia del cáncer en los países industrializados, ha sufrido un formidable incremento en la última parte del siglo pasado. En nuestro medio se estima que 1 de cada 3 hombres y 1 de cada 4 mujeres va a sufrir un cáncer a lo largo de su vida. En Estados Unidos la incidencia que se espera se aproxima más a 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres. La mitad de los afectos por la enfermedad fallecerán por ella.

Causas del cáncer: carcinógenos.

De modo genérico, los factores ambientales y su influencia sobre el organismo son la causa de alrededor del 90% de todos los cánceres. De ellos, los más importantes son el tabaquismo, ciertas infecciones, los hábitos nutricionales incorrectos, el sedentarismo y la exposición a diversos agentes físicos y químicos de efecto carcinogénico conocido, tales como las radiaciones ionizantes, cientos de sustancias y disolventes industriales, la radiación ultravioleta en exceso y otros.

Las circunstancias del medioambiente, del entorno y los hábitos personales forman parte del denominado “estilo de vida” responsable del aumento de incidencia y mortalidad por cáncer en la sociedad industrializada.

Muchos de estos agentes no actúan indiscriminadamente sino se aumenta el riesgo de sólo determinados tipos de cáncer. Por ejemplo, el exceso de radiación ultravioleta aumenta el riesgo de cáncer de piel, pero no de otros tumores, y ciertos disolventes industriales se prohibieron después de detectar el riesgo de leucemia. Esto se debe tanto a que diferentes órganos son expuestos en mayor concentración o tiempo que otros, como a una especial susceptibilidad intrínseca – propia – al daño de agentes carcinógenos.

También existe una importante diferencia en la susceptibilidad personal. Sin lugar a dudas el mejor ejemplo es el de los fumadores inveterados que resultaron longevos con una salud de hierro frente a la mayoría de los pacientes que fallecen de un cáncer de pulmón o de vías respiratorias causado por el tabaco, que apenas se encuentran en la cuarta o quinta década de su vida. Los enfermos no son necesariamente los de hábito más intenso, sino los más susceptibles a los carcinógenos del tabaco.

Algunos agentes externos que en sí mismos no son directamente carcinógenos pueden terminar siendo responsables del incremento del cáncer. Este es el caso del trío formado por la alimentación inadecuada (exceso de grasa, exceso de calorías) la obesidad y el sedentarismo, que podría estar implicado en el 20% de todos los casos de cáncer de los adultos.

La obesidad después de la menopausia se asocia con un incremento de riesgo de 1,5 veces de sufrir un cáncer de mama, debido, principalmente, al exceso de hormonas femeninas (estrógenos) que se producen en el tejido graso. De igual forma, la obesidad en una mujer después de ser tratada de un cáncer de mama, incrementa su riesgo de recaída y muerte en hasta un 50% por el mismo mecanismo.

Hoy por hoy, al igual que no es posible predecir qué fumadores van a desarrollar un cáncer por su hábito, tampoco es posible predecir la susceptibilidad individual de desarrollar cáncer a igualdad de agresiones, salvo para casos excepcionales (síndromes hereditarios de predisposición).

Otra dificultad añadida es que, habitualmente, el cáncer surge después de años, incluso décadas, tras la exposición a los carcinógenos, por lo que, cuando el seguimiento de los grupos de riesgo no es muy largo, el efecto puede pasar desapercibido, tal y como ocurrió con los efectos dañinos de los cigarrillos durante décadas de uso.

Por todo ello, cuando se identifica un factor como de riesgo de cáncer, lo prudente es evitar en la medida de lo posible la exposición de todas las personas sanas a él.

¿El ruido produce cáncer?

  • a) Ruido, estrés y depresión: La Real Academia de la Lengua Española define el concepto del siguiente modo: estrés (del inglés stress): tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves. Numerosos estudios apoyan la teoría de que, todos aquellos factores externos que someten a las personas a un estrés crónico pueden terminar provocando cáncer por alteración de la regulación fisiológica que permite mantener el equilibrio orgánico normal, la homeostasis . En este sentido, los cánceres que más se han investigado son los denominados “hormonodependientes”, los que son estimulados por ciertas hormonas de producción endógena: el cáncer de próstata en los varones y los cánceres de mama y ovarios en las mujeres. La exposición a ruido no deseado, impuesto, alienante, que enajena al individuo por asedio, asalto e invasión de su espacio privado, resulta un factor estresógeno de primer nivel. Así ha quedado establecido en dos informes específicos de la Organización Mundial de la Salud sobre contaminación acústica. Además, principalmente cuando la situación se cronifica, deviene en problemas psicológicos severos, síndromes ansioso- depresivos que, a su vez, pueden causar otras conductas de riesgo para cáncer, tales como el abuso de alcohol y de tabaco.
  • b) Estrés y Cáncer:
    Las situaciones estresantes producen respuestas en el organismo caracterizadas por el incremento en la producción de ciertas hormonas denominadas, justamente, “hormonas del estrés” entre las que figuran las catecolaminas y del cortisol. Éstas podrían tener un gran impacto en los procesos relacionados con el cáncer, en particular la promoción tumoral, los procesos de inflamación, la disregulación del sistema inmunitario que permitiría el crecimiento y la multiplicación de células tumorales, la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos en el seno del tumor) y el desarrollo de metástasis (tumores satélites a distancia). En la práctica, la asociación entre estrés y cáncer se ha observado en varias fases de la enfermedad y para diferentes tipos de cáncer. Para el cáncer de mama la relación se ha establecido mediante estudios de cohortes y de casos y controles, publicados en revistas médicas de prestigio mundial durante las dos últimas décadas. En el año 2009 se publicó un meta-análisis de todos los estudios publicados, incluidos los discrepantes. El resultado final es que no se encuentra asociación entre acontecimientos catastróficos únicos, tales como la muerte de un ser cercano o el divorcio, y el riesgo de cáncer de mama. Pero, por el contrario, no puede excluirse en absoluto que la exposición prolongada a estrés esté involucrada en el desarrollo de esta neoplasia; así, el estrés crónico se asoció de forma positiva al desarrollo de cáncer de mama, con un riesgo relativo de 1,73 (95% CI: 0,98- 3.05 y p=0.059) respecto a las personas que no lo sufrían (para las que el riesgo relativo sería de 1.0). Otros artículos científicos se han centrado en analizar de forma pormenorizada los mecanismos a través de los cuales puede explicarse como el estrés crónico puede terminar causando cáncer. Por su calidad, su extensión y su actualidad, recomendamos la revisión publicada en 2011 por el Dr. Antonova de Ottawa (Canadá) en la revista “Breast Cancer Research” que lleva por título: “Estrés y Cáncer de Mama: de la epidemiología a la biología molecular”. También se ha encontrado relación con el cáncer de próstata. En un estudio ingles de la Universidad de Bristol encontró que los varones que perciben un moderado y elevado estrés poseen más riesgo de desarrollar cáncer de próstata que los no estresados o que perciben niveles bajos. Las medidas de asociación resultaron estadísticamente significativas con valores de HR: 1,65 y HR: 1,35 respectivamente. Como explicación más fácilmente inteligible, podría decirse que, al igual que en el ejemplo citado anteriormente sobre la alimentación inadecuada y el sedentarismo que producen obesidad, que a su vez incrementa el riesgo de cáncer de mama, el colorrectal y otros, el ruido produce estrés crónico y éste se asocia con incremento de riesgo de cáncer.
  • c) Depresión y Cáncer:
    Largamente estudiada esta vinculación, entre las publicaciones destaca un riguroso meta-análisis del año 2007 que incluyó 13 estudios previos desde 1994. Se encontró que en aquellos en los que las personas deprimidas fueron vigiladas durante más de 10 años, el riesgo de desarrollar cáncer de mama fue estadísticamente significativo con una medida de asociación de 2.5 (95% CI: 1,06- 5,91) y que el cáncer podía emerger varios años después de haber pasado la depresión. Con un seguimiento de 24 años sobre población de Baltimore (Pennsylvania, EEUU), el prestigioso centro Johns Hopkins, analizó y publicó sus conclusiones en la revista “Cancer Causes Control” de 2010. Se encontró que la depresión mayor está asociada con un elevado riesgo para sufrir en los años siguientes cualquier tipo de cáncer en general (HR= 1,9) y con el cáncer de mama en particular (HR= 4,4) ambos resultados estadísticamente significativos. También se observó concordancia entre depresión mayor y cáncer de próstata en los varones. Se destaca la relevancia del tiempo de observación, ya que es bastante frecuente que el cáncer se manifieste varios años, incluso décadas, después de exposición a las noxas.
  • d) Otros factores que incrementan el riesgo de cáncer.
    La exposición crónica a ruido causa efectos psicológicos devastadores, que pueden llevar al individuo al abuso de psicofármacos, tabaco y alcohol. Otra investigación del Departamento de Salud Mental del Hospital Johns Hopkins del año 2004 concluyó que las personas con trastorno crónico del sueño tienen un riesgo de 2,32 veces de sufrir consumo abusivo o dependiente de alcohol frente a las personas que pueden dormir de forma fisiológica. Además de sus efectos sobre el hígado, cerebrales y psiquiátricos, el alcohol es uno de los carcinógenos evitables más potentes.
  • e) Y si no hubiese sufrido estrés ¿hubiera tenido cáncer?
    Ésta es una pregunta sin respuesta posible. Algunos tipos de cáncer tienen un factor de riesgo de mucho peso, tal y como ocurre con la infección por papilomavirus y el cáncer de cérvix en las mujeres: si se evita la infección presente se evita el cáncer futuro. En la inmensa mayoría de los tipos de cáncer conocemos algunos agentes que aumentan el riesgo, otros que lo disminuyen, y una gran cantidad son desconocidos. No es posible cuantificar la proporción del riesgo para un determinado factor de exposición ni, salvo excepciones, deducir si eludir una determinada circunstancia hubiera sido suficiente para evitar el cáncer. En un estudio sobre población asiática, los factores de riesgo relacionados con el cáncer de mama y las respectivas medidas de asociación (odss ratio) fueron las siguientes: obesidad (4,07), historial de enfermedad mamaria benigna (1,68), menarquia precoz o menopausia tardía (1,41) y estrés anticipatorio (2,15- 3,48). Si una mujer que hubiera estado expuesta a todos estos factores desarrollase cáncer de mama, sería imposible deducir si la supresión de uno de ellos concreto hubiera evitado el cáncer, aunque sí se puede afirmar que cuantos menos factores de riesgo reúna una persona, menos probabilidad de sufrir la enfermedad. Entonces, los esfuerzos en la prevención del cáncer deben centrase en evitar los factores de riesgo modificables. Respecto al objetivo principal de este artículo, la relación entre la exposición a ruido no deseado de modo crónico y el cáncer, y asumido que la contaminación acústica provoca estrés y depresión, las cuestiones fundamentales que deben plantearse en cuanto a la prevención primaria del cáncer son dos:
    1. Si el estrés y la depresión provocados por la contaminación acústica son factores de riesgo modificables
    2. Si depende de la voluntad del individuo que los sufre su corrección

¿El ruido empeora la evolución del cáncer?

Sí, posiblemente lo empeora; al menos algunos tipos de cáncer parecen evolucionar peor en individuos que sufren estrés, ansiedad o depresión.

El National Cancer Institute (NCI- Instituto Nacional del Cáncer) de EEUU tiene abierta toda una línea de investigación en este campo; tras obtener sólidas evidencias observacionales y de laboratorio, se están probando fármacos en animales de experimentación cuyo mecanismo de acción no se ejerce sobre las células cancerosas, sino que van dirigidos a la supresión de los efectos de las hormonas del estrés sobre el organismo.

En 2006, un equipo del Anderson Center dirigido por el Dr. Anil K. Sood, de la Universidad de Texas, publicó en la revistas Nature Medicine Y Clinical Cancer Research dos artículos demostrando, en roedores, que las hormonas vinculadas con el estrés se unían directamente a las células tumorales y estimulaban el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos y otros factores que conducían a la formación de tumores más rápidamente y de manera más agresiva (angiogénesis). El estrés también causaba que los tumores cancerígenos ováricos de los ratones creciesen y se expandiesen más rápidamente. Algunos medicamentos que actúan bloqueando los efectos de las hormonas del estrés, como el propanolol, revertían el efecto.

Otros estudios han corroborado estos mismos hallazgos, por lo que es posible que la investigación pase a humanos.

Respecto a la depresión y el riesgo de morir por cáncer, la evidencia es abrumadora, por lo que únicamente vamos a citar el meta-análisis de 25 estudios independientes y otro análisis publicado en 2006 por la Universidad de Carolina del Sur que incluyó un total de 78.433 personas- año de seguimiento.

Los pacientes con cáncer que sufren síntomas depresivos tienen un riesgo de morir del 25% superior que los pacientes oncológicos no deprimidos, y si se cumplen criterios de depresión menor o mayor, el riesgo de muerte es de un 39% más elevado. El efecto de la depresión sobre la mortalidad permanecía tras realizar el análisis ajustando los grupos por otros factores de mal pronóstico conocidos del cáncer, sugiriendo que la depresión tiene en sí misma un efecto causal en la mayor mortalidad de estos pacientes. Los cánceres de pulmón, mama y del aparato gastrointestinal son los influenciados de forma más negativa.

Se aconseja que, de modo rutinario, todos los pacientes con cáncer sean interrogados de forma dirigida buscando signos y síntomas de depresión, y se recomiendan esfuerzos terapéuticos para evitarla, incluido, en caso necesario, la consulta específica con psiquiatría.

¿El ruido empeora los síntomas del cáncer?

Cuando un cáncer se torna incurable, los objetivos del tratamiento son dos: mejorar la calidad de vida y aumentar, en la medida de lo posible, el tiempo de supervivencia.

La mejor aproximación a la noción de “calidad de vida” es la que adscribe este concepto al de “Salud” de la OMS: «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» La mejor calidad de vida se obtiene cuanto más cerca se encuentra el individuo del estado de salud.

Cuanto más incurable es un cáncer y cuánto menor el tiempo esperado de supervivencia, más importante debe ser conseguir calidad de vida, y no es difícil comprender cuanto es mermada por la exposición a contaminación acústica, aunque sólo fuere por el sufrimiento moral que causa.

Objetivamente, muchos de los síntomas específicos del cáncer, que por su gravedad, son el objeto de que los pacientes deban recibir tratamientos complejos y con muchos efectos secundarios (quimioterapia, radioterapia) empeoran por el estrés, la ansiedad, la depresión, y la privación de horas de sueño o la interrupción del mismo. Entre los más intratables y que más empeoran por estas causas se encuentran los siguientes: el dolor; los vómitos; la tos; el hipo; el vértigo; la disnea (que es la sensación de falta de aire, el ahogo) la astenia (el cansancio abrumador que se percibe como un dolor generalizado mal localizado o el peso del propio cuerpo) y toda la esfera del síndrome de temor- ansiedad- depresión.

Los efectos secundarios de los tratamientos curativos del cáncer, de la quimioterapia y radioterapia, en muchos casos son idénticos: náuseas, inapetencia, vómitos, astenia, dolor generalizado, diarrea…

Entre los tratamientos aconsejados por los manuales de Cuidados Continuos y Cuidados Paliativos se aconseja mantener a los enfermos con estos síntomas en ambientes tranquilos y relajados, y en muchos casos utilizar ansiolíticos y sedantes como coadyuvantes de otros tratamientos más específicos.

Parece claro que a un enfermo oncológico expuesto a contaminación acústica en su domicilio se le está privando de una parte muy importante de los cuidados continuos, ya sean curativos o paliativos que precisa.

Conclusiones:

  • El incremento de incidencia y mortalidad por cáncer en la sociedad industrializada es un fenómeno ligado al envejecimiento de la población y al “estilo de vida”, formado por el conjunto de medioambiente, entorno y hábitos personales.
  • Múltiples estudios han ligado la exposición al estrés y la depresión al incremento de riesgo de sufrir cáncer, al menos de determinados tipos.
  • El desarrollo de la mayoría de los cánceres es multifactorial; no suele ser posible cuantificar la fracción de riesgo que supone un determinado factor ni deducir si la eliminación de ese factor hubiera evitado el desarrollo del cáncer. Pero sí se puede afirmar que cuantos más factores de riesgo se acumulen más probable es desarrollar un cáncer; y viceversa: cuantos más factores de riesgo se eliminen menos probable se vuelve la enfermedad.
  • Para, al menos, algunos tipos de cáncer, el estrés y la depresión pueden empeorar todas las fases y pueden aumentar el riesgo de recidiva, metástasis y muerte.
  • La contaminación acústica en el domicilio puede interferir de forma negativa con los tratamientos curativos y paliativos del cáncer.

El estrés y la depresión empeoran muchos de los peores y más intratables síntomas del cáncer, deterioran la calidad de vida de los pacientes e incrementan el sufrimiento de todos los enfermos, posiblemente más en la fase terminal.

Bibliografía:

  • Cabanes, B. Pérez-Gómez, N. Aragonés, M. Pollán, G. López-Abente. La situación del cáncer en España, 1975-2006. Instituto de Salud Carlos III. Madrid, 2009
  • Guidelines for Community Noise, 1999. “Community Noise” World Health Organization, 1995. Stockholm University and Karolinska Institute
  • Burden of disease from environmental noise – Quantification of healthy life years lost in Europe. Environmental burden of disease from noise in Europe – WHO EURO. WHO Regional Office for Europe. ISBN: 978 92 890 0229 5
  • Antonova L, Aronson K, Mueller CR. Stress and breast cancer: from epidemiologyto molecular biology. Breast Cancer Res. 2011 Apr 21;13(2):208. Review. PubMed PMID: 21575279; PubMed Central PMCID: PMC3219182.
  • Joe Munch. Evaluar y tratar los efectos biológicos del estrés en los pacientes con cancer. OncoLog, marzo 2011, Vol. 56, Nro. 3
  • Metcalfe C, Davey Smith G, Macleod J, Hart C. The role of self-reported stress in the development of breast cancer and prostate cancer: a prospective cohort study of employed males and females with 30 years of follow-up. Eur J Cancer. 2007 Apr;43(6):1060-5. Epub 2007 Mar 1. PubMed PMID: 17336053.
  • Santos MC, Horta BL, Amaral JJ, Fernandes PF, Galvão CM, Fernandes AF.
  • Association between stress and breast cancer in women: a meta-analysis. Cad Saude Publica. 2009;25 Suppl 3:S453-63. Review. PubMed PMID: 20027392.
  • Lillberg K, Verkasalo PK, Kaprio J, Teppo L, Helenius H, Koskenvuo M.
  • Stressful life events and risk of breast cancer in 10,808 women: a cohort study. Am J Epidemiol. 2003 Mar 1;157(5):415-23. PubMed PMID: 12615606
  • Xu YL, Sun Q, Shan GL, Zhang J, Liao HB, Li SY, Jiang J, Shao ZM, Jiang HC,Shen NC, Shi Y, Yu CZ, Zhang BN, Chen YH, Duan XN, Li B. A case-control study on risk factors of breast cancer in China. Arch ed Sci. 2012 May 9;8(2):303-9.PubMed PMID: 22662004; PubMed Central PMCID: PMC3361043
  • Michael YL, Carlson NE, Chlebowski RT, Aickin M, Weihs KL, Ockene JK, Bowen DJ, Ritenbaugh C. Influence of stressors on breast cancer incidence in the Women’s Health Initiative. Health Psychol. 2009 Mar;28(2):137-46. PubMed PMID:19290705; PubMed Central PMCID: PMC2657917.
  • Cohen L, Parker PA, Vence L, y otros. El manejo del estrés prequirúrgico mejora la función inmunitaria post-operatoria en los hombres con cáncer de próstata que se someten a prostatectomía radical [publicado en línea antes de la impresión del 21 de enero de 2011]. Psychosom Med. doi: 10.1097/PSY.0b013e31 820a1c26.
  • Moreno-Smith M, Lutgendorf SK, Sood AK. El impacto del estrés sobre las metástasis de cáncer. Future Oncol 2010;6(12):1863–1881
  • Archer JA, Hutchison IL, Dorudi S, Stansfeld SA, Korszun A. Interrelationship of depression, stress and inflammation in cancer patients: A preliminary study. JAffect Disord. 2012 Jul 30. [Epub ahead of print] PubMed PMID: 22854100
  • Oerlemans ME, van den Akker M, Schuurman AG, Kellen E, Buntinx F. A
  • Meta-analysis on depression and subsequent cancer risk. Clin Pract Epidemiol MentHealth. 2007 Dec 3;3:29. PubMed PMID: 18053168; PubMed Central PMCID: PMC2235847
  • Onitilo AA, Nietert PJ, Egede LE. Effect of depression on all-cause mortality in adults with cancer and differential effects by cancer site. Gen Hosp Psychiatry. 2006 Sep-Oct;28(5):396-402. PubMed PMID: 16950374.
  • Pinquart M, Duberstein PR. Depression and cancer mortality: a meta-analysis. Psychol Med. 2010 Nov;40(11):1797-810. Epub 2010 Jan 20. PubMed PMID: 20085667;
  • Gross AL, Gallo JJ, Eaton WW. Depression and cancer risk: 24 years of follow-up of the Baltimore Epidemiologic Catchment Area sample. Cancer Causes Control. 2010 Feb;21(2):191-9. Epub 2009 Nov 3. PubMed PMID: 19885645; PubMed Central PMCID: PMC2872112
  • Crum RM, Storr CL, Chan YF, Ford DE. Sleep disturbance and risk for alcohol-related problems. Am J Psychiatry. 2004 Jul;161(7):1197-203. PubMed PMID: 15229051
  • Satin JR, Linden W, Phillips MJ. Depression as a predictor of disease progression and mortality in cancer patients: a meta-analysis. Department of Psychology, University of British Columbia, Vancouver, British Columbia, Canada. Cancer. 2009 Nov 15;115(22):5349-61. PubMed PMID: 19753617
  • Schneider S, Moyer A. Depression as a predictor of disease progression and mortality in cancer patients: a meta-analysis. Cancer. 2010 Jul 1;116(13):3304;author reply 3304-5. PubMed PMID: 20564636.
  • Sociedad Española de Oncología Médica: Manual SEOM de Cuidados Continuos. ISBN: 84.609.2494.7 Madrid, 2004



* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2012.

Ruidos y contaminación acústica en el ámbito administrativo

La protección contra el ruido y la contaminación acústica es un problema actual que afecta de forma trasversal a ámbitos tan dispares como la salud,el medio ambiente o el urbanismo, siendo la Administración Pública la encargada de velar por los derechos fundamentales que pudieran verse vulnerado al infringirse la normativa que la regula, tales como la intimidad personal y la privacidad del hogar.

La obra que presentamos recoge un exhaustivo análisis jurisprudencia sobre esta temática, desde la perspectiva principal del Derecho Administrativo, con vocación de servir de utilidad para cualquier ciudadano y sus representantes legales, tanto en su relación con la Administración como para encarar con garantías la defensa de sus derechos frente a terceros emisores de ruidos que superen los niveles permitidos legalmente. También creemos que constituirá una herramienta muy práctica para peritos y técnicos de la Administración o de empresas inspectoras, que serán los encargados de realizar la s mediciones y certificaciones correspondientes.

SEGUNDO ENCUENTRO DE CULTURA AUDITIVA. MÉXICO

El pasado día 9 y 10 de noviembre tuvo lugar, organizado por  ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara y el PAP ESCUCHA MÉXICO el SEGUNDO ENCUENTRO DE CULTURA AUDITIVA 2020.

En el mismo, entre otros importantes ponentes ha participado desde España el letrado  D. ANTONIO GARCIA GARCÍA, director de Abogado del Ruido, con la ponencia «LEGALIDAD Y DERECHOS DEL RUIDO EXCESIVO EN ESPAÑA».

Ha sido una encuentro enriquecedor y desde Abogado del Ruido queremos mostrar nuestro más sincero apoyo a todas las actividades e iniciativas que tengan como principio y fin la protección de la salud ante el ruido excesivo.

 

[Leer más…]