Como siempre pasa, las Sentencias dictan. Conociendo la preocupación o respeto que el afectado tiene a la hora de decidir entablar acciones judiciales frente a las agresiones por ruido, vamos a entrar parcialmente en la base de los pros y los contras que encontramos en ese momento, la decisión de pleitear por ruido.
Una frase que siempre digo es “No quiero añadir a tu ruido un pleito sin sentido”. La razón de la misma viene dada por la voluntad inicial de intentar la solución en base al rigor de los argumentos y de los hechos. Estos hechos se encuentran muy marcados ya en los expedientes, las mediciones, los documentos y requerimientos… que el afectado ha instado y presentado ante los distintos agentes que intervienen en el problema generado.
Ese rigor tiene que dirigir el problema al camino de la solución. Como yo diría, «prefiero un proceso solucionador que un expediente sancionador». Pero estas palabras que en principio pudieran ser utilizadas, en el mismo orden y sentido, por casi todos los actores principales del asunto ruidoso, no son tenidas en cuenta a la hora de actuar en muchos casos. Es en este momento cuando aparece la imposibilidad de solución efectiva al problema. Ello se puede deber a muchos factores o motivos. Mi experiencia demuestra que la mezcla de falta de concienciación, ausencia de criterio acertado a la hora de valorar las necesidades y prioridades, y el desconocimiento o torpeza en la toma de decisiones es el coctel más común que imposibilita la solución.





