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«DESPERTANDO AL RUIDOSO.» #DICRU2026

El lema de Abogado del Ruido para la celebración del Día Internacional de la concienciación sobre los efectos perjudiciales del ruido 2026 se enfoca este año en despertar la verdadera conciencia de todos, en especial de los ruidosos, sobre este grave problema.

DICRU206 – ABOGADO DEL RUIDO

Desde hace muchos años se celebra el Día Internacional de la conciliación sobre los efectos perjudiciales del ruido #DICRU. Se celebra todos los años coincidiendo con el último miércoles del mes de abril. Han sido muchos los lemas que Abogado del Ruido ha venido utilizando siendo importante dar visibilidad a la problemática, la agresión acústica, pero siendo siempre propositivo y activo en expresar la necesidad de modera el ruido para proteger nuestra salud.

Este año hemos querido mostrar la importancia de mover a la concienciación de quienes de una u otra manera se convierten en ruidosos. Hablamos de Administraciones, titulares de actividades o cualquier ciudadana o vecino que hace de su actuar cotidiano una molestia para los demás.

Abogado del Ruido viene constantemente intentando despertar esta conciencia, no solo en este día internacional, sino durante cada día del año.

Convirtámonos cada uno de nosotros en despertadores hacía la verdadera conciencia frente al ruido, haciendo que los efectos perjudiciales del ruido sean conocidos y lleguen también a los ruidosos. Conocer su alcance, la gravedad de su afección a la salud, para moderar.

Abogado del Ruido siempre es diferente.

El próximo día Internacional contra el ruido utiliza los hashtag #despertandoalruidoso #DICRU2026, sigue a Abogado del Ruido en RRSS y pongamos el despertador.

Abogado del Ruido.

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El ruido interior.

«Despierto y pienso. Sueño y siento. Camino y vivo.»

El amanecer de una ciudad con sus calles largas. El caminar fresco y entorno tranquilo es un placer del que todos, alguna vez en nuestra vida, hemos disfrutado. Saber apreciar la salud en las cosas es un privilegio. Esa sensación que brota en pensamientos matutinos cuando repunta el día es hoy el comienzo e hilo de mi reflexión.

Esas calles aún vacías y el olor a café que impregna el ambiente al pasar por esa equina de simpática sonrisa hoy me acompañan. Mi caminar tranquilo acelera mis pensamientos. 

Veo en mi camino como la carrera de la vida sigue. La realidad conocida nos fatiga, pero seguimos buscando aguantar. Queremos pasar esa fase de agotamiento en la que se doblega la curva y nos ofrece el necesario aliento para aguantar y aguantar. 

Sigo caminando y contemplo como los balcones aún permanecen cerrados. Aquellos que llenaron de aplausos nuestras calles ahora solo recogen la fría humedad de la noche. La vida en su interior aún duerme.  Pero ya despuntan las primeras sombras de sus barrotes.

Es esta última realidad interior, la que subyace tras esas persianas, la que intento entender desde mi transitar urbano. Pero la información que me llega a raíz de muchas de vuestras consultas me hace concluir que se está deteriorando. El incremento significativo de las quejas y consultas sobre ruido domiciliario o molestia vecinal es digno de reflexión. Los portazos, carreras, música alta, arrastres de muebles, gritos, golpes… todos ellos realizados por vecinos colindantes, llenan vuestros emails y llamadas pidiendo ayuda, “help me”.

Creer que el ruido es inevitable es pensar que el respeto es prescindible.

Cuando digo que vivimos en pisos muy altos pero muy juntos lo expreso todo. Hacer de nuestro actuar diario una molestia constante para nuestros vecinos nos hace incívicos e inconscientes. La irresponsabilidad de minusvalorar el ruido evidencia el desconocimiento que tenemos sobre el bumerán de su molestia.

Hoy, viendo la tranquilidad exterior de infinitas fachadas, que distintas, pero juntas pintan cual paredes nuestras calles, solo deseo que sea verdadero reflejo de la necesaria tranquilidad en el interior de sus viviendas. Deseo y exijo que el respeto y la buena convivencia, como el aire fresco y el aroma a churros que me acompañan, sean acompañamiento de nuestro actuar diario en todos los hogares.

Porque el ruido puede molestarnos a todos hagamos de su molestia un contaminante lejano. Transitemos de un pasado ruidoso que oscurece a un presente tranquilo, sin ruido, que amanece.

PODCAST: «El ruido interior»

Escucha «El ruido interior» Podcast Abogado del Ruido
Antonio García García.
Abogado Director de Abogado del Ruido

LA CIUDAD Y LA FIESTA. Breve estudio de la época ruidosa, la pandemia de 2020 y su proyección en 2021.

Hace muchos años que el ruido sale de fiesta. Durante la época ruidosa, la anterior a la pandemia de 2020, la ciudad recibía en sus calles a miles de personas en los días de fiesta y durante los fines de semana. Todas ellas eran agraciadas por la llegada de sus horas de descanso. Las terrazas, bares y establecimientos de ocio eran visitados a millares. Zonas o barrios enteros eran objeto de desgaste de aceras por el numeroso tránsito de gente que, con andar despreocupado y alegre, quería divertirse disfrutando en compañía de amigos o conocidos.

La concurrencia aumentaba hasta niveles plenos. Veíamos calles que parecían ríos de gente. Hemos visto fotografías de aquella época donde las calles estaban ocupadas por mesas y mesas. Terrazas y más terrazas que, como alfombras, cubrían las calles hasta altas horas de la madrugada. Esta visión y el fondo ocioso, divertido y lúdico nos llevaba, como usuarios a pie de calle, a participar de forma agradable, haciendo de esta versión de descanso una parte de nuestro desconectar laboral, estudiantil o de cualquier otro tipo.

El nombre de esta época viene dado por un efecto concreto generado o derivado de esta situación. Los vecinos, teniendo sus hogares en estas zonas, veían ocupados sus barrios y eran sometidos a niveles de ruido excesivos. Grandes ciudades hacían de la confluencia de estos ríos de gente y del gran número de embarcaderos o locales de ocio que se disponían en su entorno el germen de la molestia. La voluntad individual de cada gota de agua de estos ríos nunca estaba dirigida al fastidio o la generación de molestia. Como hemos dicho la diversión ocupaba de pleno la voluntad de las personas que alegremente hacían uso de las calles y locales.

Pero esta época, como otras, tuvo una fecha que cambió la situación. En marzo de 2020 la pandemia provocada por el COVID-19 inicia una época de sequía que hace que ya no circule, en muchas ocasiones, ni una gota por las calles antes bulliciosas. El silencio provocado por la prohibición de deambulación hace que las calles se queden vacías. El cierre de toda actividad llega a la clausura temporal de aquellas zonas céntricas donde amarrábamos nuestra algarabía y actividad nocturna.

Durante el tiempo que duraron los cierres totales, parciales y las limitaciones en tantos por ciento de ocupación el ruido disminuyó sustancialmente. Calles donde el deambular peatonal no chocaba con mobiliario y que dejó a los vecinos de estos barrios viendo desde sus balcones como los cauces crecían, pero en sonidos de las afueras (cantos de pájaros, viento…) Esta situación y el resultado de esta etapa de la historia reciente debe hacernos aprender de lo vivido. 

En el 2021 y tras un inicio de año en fase aguda de pandemia, estamos viendo como el proceso esperado de vacunación nos va a llevar a salir de nuevo. No podemos negarnos a activar, si así lo permiten los datos sanitarios, nuestra ciudad, nuestro comercio y nuestro ocio. Vamos a desaguar y lanzarnos a las calles. Haremos de nuestra ciudad nuevamente nuestro camino y nuestro objetivo. Pero no podemos hacerlo sin aprender del pasado reciente. El silencio de la ciudad no es querido pero la moderación y la consecución de un entorno urbano acústicamente saludable sí. El respeto y la protección de la salud de quien mora en las viviendas que ocupan esas zonas urbanas se debe priorizar y en definitiva debemos saber gestionar la vida en las ciudades haciendo de estos entornos unos lugares acústicamente saludables.

Lo vivido debe hacernos reflexionar y llevarnos a quitarnos la idea de seguir justificando situaciones del bullicio constante justo enfrente de los portales de los edificios de viviendas hasta altísimas horas de la madrugada. Por ello debemos hacer que la gestión, la planificación y la previsión sean las herramientas que hagan de esta nueva etapa un etapa de activación tranquila, sin ruidos molestos. 

PODCAST: «La ciudad y la fiesta»

PODCAST de Abogado del ruido. Escúchalo.

MALDITO RUIDO.

La contaminación presente en nuestras ciudades nos hace esclavos de calles llenas de polución y ruido. La salud se quiere esconder y proteger de tales agresiones, pero ve como su entorno y el refugio de su hogar se convierten en territorios cada día más transitados y hostiles.

Gritar quiere, pero el ruido de fondo acalla su lamento. Las mañanas, tardes y noches se convierten en un grito mayor, molesto y constante del progreso. 

Anteriormente, la industrialización y el ferrocarril fueron los que trajeron prosperidad y el incremento exponencial del número de habitantes de las zonas urbanas. Ahora, vemos como la globalización y sus efectos hace incesante su incremento temporal o permanente.

A esa capacidad de concentración de gente no le acompaña la necesaria regulación que evite el dislate de actividades convergentes en nuestras calles. Aquel puente levadizo que llevaba a la puerta de entrada a las ciudades amuralladas ha quedado como punto minúsculo delimitado por los pequeños y angostos cascos históricos cada día más degradados. 

La urbe se ha extendido como onda causada por la caída de una piedra sobre el agua estancada. Radial y extensa se amplía la ciudad. Esta ola no la hemos sabido contener y así evitar su agresión. Como tsunami, su molestia ha arrasado con cuantos viven en las actuales ciudades del siglo XXI.

Respeto, convivencia y movilidad.

Ser consciente de la necesaria cercanía debiera abrirnos los ojos ante la obligada convivencia. Abstraernos del lo ajeno es cada día más difícil. Lo tenemos tan cerca, junto a nosotros, que llegamos a tocarlo, sentirlo y muchas veces sufrirlo. 

Respeto

Tener al vecino tras la pared de nuestro salón, frente a nuestra puerta, sobre nuestra vivienda o bajo nuestros pies es una realidad cierta y ordenada en una sociedad urbanita.

Punto de partida e historia.

Desde antiguo hemos ocupado las mejores zonas geográficas para establecernos. Las primeras ciudades, desde Mesopotamia hasta la china Chang’an, han buscado los mejores entornos. Fértiles tierras que hacían de los asentamientos la cuna de artesanos y comerciantes y sin que la ganadería y la agricultura quedaran distantes. Estas urbes han sido el germen de las relaciones interpersonales. Puertas con puertas y calles que han atraído a millones de personas a sus cada vez más elevados edificios.

Localización de las ciudades

Así, podemos entender que la evolución de las cosas es motivada por la transformación. A su vez esta última se produce movida por los cambios derivados de la experiencia y las necesidades que se van creando. Todas ella, muy dispares, las cubrimos adaptando nuestro entorno. La prioridad o importancia que a lo largo de la historia hemos dado a las mismas han marcado la dirección de esa evolución.

En este punto es donde quiero hoy detenerme, en esta evolución. Los miles de años de evolución en las ciudades debieran haber evitado la elevada contaminación acústica que sufrimos hoy en las mismas.

Siempre hemos sabido que las ruedas de los carros y carruajes antiguos generaban ruido; que el torno del alfarero generaba golpeteo, y que la vivienda cercana, pared con pared, hacía que escucháramos con claridad las conversaciones del vecino o que la fiesta o charla alegre a deshoras provocaba desvelos a quienes habitaban cerca. Entonces, ¿Qué ha pasado para que la evolución no haya conseguido que la contaminación acústica y el ruido se hayan mitigado? No hay evolución sin necesidad y esta es la cuestión.

Evolución y conclusión.

El transcurso de los años nos ha hecho ver como dimos más importancia a la vida, por vida, que a la forma de vivirla. Así, hemos dejado en un segundo o tercer plano la calidad acústica de los entornos urbanos primando, esos sí, el conjunto cercano y alto de viviendas. Y, por otro lado, hemos dejado de lado el tema del ruido. Partimos dando prioridad a la movilidad motorizada individual creando espacios exclusivos para esta y que atraviesan, como si fueran cortes, los espacios de convivencia.

Pero estamos a tiempo de evitar que la convivencia se desangre. Las viviendas y la vida en ellas deben contar con el obligado respeto vecinal y nuestras calles con el necesario acometimiento de medidas que lleven a una movilidad silenciosa y sin ruidos.

Como siempre digo, estamos a tiempo de evitarlo. Pongámonos a ello. 

Respeto y movilidad respetuosa.

ANTONIO GARCÍA GARCÍA

ABOGADO DIRECTOR DE ABOGADO DEL RUIDO