¿TE AYUDAMOS Y HABLAMOS DEL RUIDO?

MALDITO RUIDO.

La contaminación presente en nuestras ciudades nos hace esclavos de calles llenas de polución y ruido. La salud se quiere esconder y proteger de tales agresiones, pero ve como su entorno y el refugio de su hogar se convierten en territorios cada día más transitados y hostiles.

Gritar quiere, pero el ruido de fondo acalla su lamento. Las mañanas, tardes y noches se convierten en un grito mayor, molesto y constante del progreso. 

Anteriormente, la industrialización y el ferrocarril fueron los que trajeron prosperidad y el incremento exponencial del número de habitantes de las zonas urbanas. Ahora, vemos como la globalización y sus efectos hace incesante su incremento temporal o permanente.

A esa capacidad de concentración de gente no le acompaña la necesaria regulación que evite el dislate de actividades convergentes en nuestras calles. Aquel puente levadizo que llevaba a la puerta de entrada a las ciudades amuralladas ha quedado como punto minúsculo delimitado por los pequeños y angostos cascos históricos cada día más degradados. 

La urbe se ha extendido como onda causada por la caída de una piedra sobre el agua estancada. Radial y extensa se amplía la ciudad. Esta ola no la hemos sabido contener y así evitar su agresión. Como tsunami, su molestia ha arrasado con cuantos viven en las actuales ciudades del siglo XXI.

Mirar al ruido con otros oídos.

Nos llama la atención que todo se mueva. El nuevo salir y compartir nos da vida. Una vida de aislamiento obligado que nos tenía sumidos en la inactividad y penumbra ciudadana.

Las ciudades se llenan de mercadillos y actividades al aire libre, haciendo del compartir y acercarnos algo extraordinario. Volvemos a estar juntos y viéndonos las caras nuevamente.

Pero esta actividad, por un lado fantástica y necesaria, vuelve a provocar los mismos acontecimientos molestos. El ruido que generamos al realizarlas llena espacios y llega a muchos hogares. Es cierto que no debemos dejar de disfrutar de nuestras calles, ciudades y compañía, pero igualmente debemos de ser conscientes de que el mundo ruidoso no es bueno para el ciudadano, ni para el ser humano.

Hemos pasado recientemente, el 27 de abril de este año, un día internacional de la concienciación sobre los efectos perjudiciales del ruido en el cual se ha informado del número de afecciones y afectados por ruido. Por ello, mirando carteles de antiguos días Internacionales del ruido, tengo que recordar que debemos mirar al problema del ruido con los oídos. Unos oídos que escuchen a las Organizaciones que alertan de los riesgos para nuestra salud. Riesgos y afecciones que van desde cardiopatías, estrés, ansiedad, falta de atención, trastornos del sueño hasta el déficit o retraso cognitivo en niños.

Mirar al ruido con estos oídos es mirar al ruido con los ojos de la salud. Escuchar y atender a sus consecuencias para no sufrir su agresión. Escuchemos pues con otros oídos, los de la verdadera concienciación. Evitemos que el ruido perjudique nuestra salud.

ANTONIO GARCÍA – Abogado del Ruido

Respeto, convivencia y movilidad.

Ser consciente de la necesaria cercanía debiera abrirnos los ojos ante la obligada convivencia. Abstraernos del lo ajeno es cada día más difícil. Lo tenemos tan cerca, junto a nosotros, que llegamos a tocarlo, sentirlo y muchas veces sufrirlo. 

Respeto

Tener al vecino tras la pared de nuestro salón, frente a nuestra puerta, sobre nuestra vivienda o bajo nuestros pies es una realidad cierta y ordenada en una sociedad urbanita.

Punto de partida e historia.

Desde antiguo hemos ocupado las mejores zonas geográficas para establecernos. Las primeras ciudades, desde Mesopotamia hasta la china Chang’an, han buscado los mejores entornos. Fértiles tierras que hacían de los asentamientos la cuna de artesanos y comerciantes y sin que la ganadería y la agricultura quedaran distantes. Estas urbes han sido el germen de las relaciones interpersonales. Puertas con puertas y calles que han atraído a millones de personas a sus cada vez más elevados edificios.

Localización de las ciudades

Así, podemos entender que la evolución de las cosas es motivada por la transformación. A su vez esta última se produce movida por los cambios derivados de la experiencia y las necesidades que se van creando. Todas ella, muy dispares, las cubrimos adaptando nuestro entorno. La prioridad o importancia que a lo largo de la historia hemos dado a las mismas han marcado la dirección de esa evolución.

En este punto es donde quiero hoy detenerme, en esta evolución. Los miles de años de evolución en las ciudades debieran haber evitado la elevada contaminación acústica que sufrimos hoy en las mismas.

Siempre hemos sabido que las ruedas de los carros y carruajes antiguos generaban ruido; que el torno del alfarero generaba golpeteo, y que la vivienda cercana, pared con pared, hacía que escucháramos con claridad las conversaciones del vecino o que la fiesta o charla alegre a deshoras provocaba desvelos a quienes habitaban cerca. Entonces, ¿Qué ha pasado para que la evolución no haya conseguido que la contaminación acústica y el ruido se hayan mitigado? No hay evolución sin necesidad y esta es la cuestión.

Evolución y conclusión.

El transcurso de los años nos ha hecho ver como dimos más importancia a la vida, por vida, que a la forma de vivirla. Así, hemos dejado en un segundo o tercer plano la calidad acústica de los entornos urbanos primando, esos sí, el conjunto cercano y alto de viviendas. Y, por otro lado, hemos dejado de lado el tema del ruido. Partimos dando prioridad a la movilidad motorizada individual creando espacios exclusivos para esta y que atraviesan, como si fueran cortes, los espacios de convivencia.

Pero estamos a tiempo de evitar que la convivencia se desangre. Las viviendas y la vida en ellas deben contar con el obligado respeto vecinal y nuestras calles con el necesario acometimiento de medidas que lleven a una movilidad silenciosa y sin ruidos.

Como siempre digo, estamos a tiempo de evitarlo. Pongámonos a ello. 

Respeto y movilidad respetuosa.

ANTONIO GARCÍA GARCÍA

ABOGADO DIRECTOR DE ABOGADO DEL RUIDO

SENTENCIA al ruido.

La actividad frente a la agresión acústica es frenética. Asuntos y problemas de ruido que, desde un sufrimiento privado, llegan al campo administrativo o público y en sus últimas y obligadas fases al amparo judicial.

Solucionar el problema en las primeras fases, tras el primer requerimiento o escrito dando a conocer el problema generado, no es nada común. Los motivos de no conseguirlo son variados. Vemos entre ellos el desconocimiento, la poca importancia dada al asunto, la animadversión entre las partes, la cabezonería e incluso la simple dejadez.

Muchos de estos problemas tienen solución técnica. Por ello, cuando un arreglo, adecuación o mantenimiento adecuado pudieran poner fin al problema y no se realiza, es para “dar de gorrazos” a todos los que intervienen en el asunto. No podemos dejar de exigir la corrección, una corrección posible, real y solamente técnica. 

Otros muchos se deben a comportamientos o hábitos que, estando dentro del normal y diario actuar, generan molestias. En este caso no podemos permitir que no se produzcan cambios, aunque mínimos, que demuestren la importancia de respetar a los demás y evitar la molestia que generamos. “No te pido que dejes de comer. Pero come sin ensuciar a los demás.” 

Pero, cuando entramos en el campo de las actividades y del control por parte de las Administraciones, el ruido se hace más esquivo. Los intereses chocan y la economía (coste-beneficio) reluce ruidosa. Es en este campo donde nos encontramos ante la inactividad, incluyendo en esta última la acción ineficaz, de la Administración. Muchas veces he criticado el movimiento inútil de las Administraciones.

Por ello, debemos exigir que cuando un Ayuntamiento actúe contra el ruido solucione realmente el problema. No podemos administrar sin solucionar y no podemos requerir sin conseguir corregir. Si nos movemos, si abrimos expediente de medidas correctoras, iniciadores de medidas, etc… debemos hacer un seguimiento riguroso. Se debe responder al ciudadano y exigir, previa comprobación de los diferentes expedientes de apertura, el cumplimiento riguroso de las condiciones de insonorización, aislamiento y control de los niveles de ruido de la actividad.

La judicialización de los casos ruido, tema de una ponencia que realicé en el I Congreso de Acústica de Cataluña, es la última instancia. El amparo judicial deja en evidencia todos los errores cometidos ante el ruido. El Abogado del Ruido asesora iluminando el camino y facilitando la solución mucho antes de llegar a este punto judicial. Pero ser bueno frente al ruido no es lo mismo que tonto ante su constante e incesante molestia. 

Por último decir que la ley, el imperio de la ley, nos obliga. Solucionar sin llegar a judicializar es importante pero que no se olvide nadie que “Sentencias hayan y las ganes, que ganando lo moderarás”

Antonio García.(Abogado Director de Abogado del Ruido)

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Vamos a hacerlo bien ante el ruido.

Hacer las cosas bien cuesta. Todos hemos tenido tareas delicadas, complicadas o difíciles. El sacrificio o el esfuerzo en la realización de tareas es la base para la consecución de los buenos resultados. Este principio lo podemos aplicar a todos los ámbitos de nuestra vida. 

Hay posiciones que ayudan a motivar el esfuerzo con anterioridad a su realización y con posterioridad a este. Así vemos como el conocimiento de hacer lo correcto y de la necesidad de realizarlo nos hace olvidarnos de las pegas y dificultades, centrándonos en realizarlo de la manera más eficaz posibles. Pero no solo la motivación anterior nos hace realizar la tarea de manera más comprometida y a llevar el esfuerzo de la mejor manera. También tenemos el refuerzo del resultado y de la satisfacción por el trabajo bien hecho.

Esta realidad que expongo hay que aplicarla en nuestro día a día a la convivencia. Vemos como muchas veces corregir o cambiar hábitos de actuación nos cuesta mucho y lo vemos como difícil o casi imposible. Pues bien, aplicando la idea del esfuerzo y el premio al campo de la convivencia vemos que podemos hacerlo convencidos de hacer lo correcto y de su necesidad, añadiéndole la seguridad de la satisfacción por el buen resultado.

Abogado del Ruido está recibiendo muchas consultas en las que se evidencia que muchos vivimos en la molestia por ruido constante. Dicha molestia se debe a actuaciones y actividades muy diversas pero que tienen un común denominador, la falta de respeto en la convivencia vecinal. El problema del ruido, como siempre he mantenido, ensucia la convivencia y nos hace alejarnos de nuestros vecinos. Trabajar en el campo del respeto y de la empatía vecinal es fundamental. Pero veo en todas estas consultas que es una terea difícil y muchas veces se ve como algo imposible.

En este punto entra en juego la motivación previa de saber que corregir actividades molestas es lo correcto. Que si moderamos el ruido, consiguiendo una buena convivencia, ello nos llevará a la satisfacción del “buen y sincero saludo” y el agradecimiento por el bienestar generado.

Debemos conocer que estamos todos a un lado y el ruido al otro. Cambiarnos de bando provoca que el ruido ocupe espacios en la convivencia de los demás que solo lleva al malestar vecinal y al inicio de una mala convivencia. Por ello corrijamos las actividades molestas en nuestra vivienda, sin entender este cambio como restricción de derechos sino como cumplimiento de lo correcto. Venimos obligados al uso adecuado de nuestra vivienda evitando en lo posible generar molestias.

Hagamos de lo difícil lo correcto y de evitar la molestia una buena convivencia.